Promueve el IVEC recomendaciones literarias durante el mes de junio y actividades para acercarse a la lectura

De acuerdo con la campaña cultural #QuédateEnCasa, y como parte de la iniciativa #NosVemosPronto, el Instituto Veracruzano de la Cultura difundirá a través de @ivecferias diversas actividades de promoción a la lectura.

Con diferentes recomendaciones literarias, “Un libro, una puerta” promoverá el trabajo que diferentes editoriales mexicanas realizan en favor de la literatura infantil y juvenil, como Ediciones El Naranjo, CIDCLI, Editorial SM, Alboroto Ediciones, Loqueleo Santillana, Fondo de Cultura Económica, entre otras.

Por otro lado, el taller virtual “Lo mágico de lo cotidiano: taller de escritura creativa”, invita al público a realizar textos a partir de lo cotidiano, partiendo de las reseñas de obras de autores como Carmen Villoro, Neil Gaiman, Julio Cortázar o Edgar Allan Poe. Las cuatros sesiones que integran el taller se transmitirán durante cada domingo del mes de junio a las 16:30 horas. El taller será impartido por Diana Elisa Flores Garrido, Licenciada en Lengua y Literatura Hispánicas, directora general de Cinética Revista Cultural y promotora cultural del IVEC. 

Finalmente, “Palabras en el paisaje…” realizará una selección de ilustraciones de creadores veracruzanos y nacionales, que se publicarán cada jueves del mes de junio a las 16:30 horas. Gracias al ejercicio de la observación, cada ilustración será acompañada por una minificción, como una invitación a “mirar” detenidamente el trabajo gráfico que acompaña a cada libro álbum o libro ilustrado que llega a nuestras manos. Esta actividad estará a cargo de José Cruz Domínguez Osorio, mediador de lectura adscrito al Programa Nacional Salas de Lectura de la Secretaría de Cultura federal y gestor cultural del IVEC.

Desde @ivecferias, #QuédateEnCasaLeyendo. Consulta las actividades que el IVEC tiene preparadas para ti en: Facebook @InstitutoVeracruzanoDeLaCultura, Twitter @IVEC_Oficial, YouTube: IVEC oficial.

#NosVemosPronto

Anuncia IVEC el inicio del primer Seminario Digital de Emprendimiento Cultural y Creativo

  • Inicia 6 de junio en la región Totonaca; 20 de junio en la región Sotavento, y 11 de julio en la región Altas Montañas

Con la finalidad de impulsar la creación y consolidación de microempresas con una base cultural y creativa en tres regiones del estado, el Instituto Veracruzano de la Cultura impartirá el primer Seminario Digital de Emprendimiento Cultural y Creativo dirigido a gestores, creadores, promotores y emprendedores.

El registro de participación finalizó el 22 de mayo y se recibieron 41 solicitudes: 10 provenientes de la región Totonaca, 13 de la región del Sotavento y 18 de la región de las Altas Montañas. Con una duración de tres meses, los emprendedores participantes contarán con la guía y retroalimentación de tutores con una amplia experiencia en temas diversos como análisis de mercado, contabilidad, marketing y modelos de negocio.

El Seminario contempla, además, en cuanto la contingencia sanitaria lo permita, la realización de dos sesiones presenciales en las ciudades de Papantla, Córdoba y Veracruz, para asegurar que las herramientas y los conocimientos recibidos en la plataforma digital se apliquen en cada uno de los proyectos que los emprendedores desarrollarán. Al finalizar el Seminario, los participantes tendrán la oportunidad de presentar sus modelos de negocio a un panel de especialistas en microempresas y emprendimiento. Con estas acciones, se busca potenciar la economía creativa en el estado de Veracruz.

Te invitamos a conocer los resultados el portal web del IVEC: www.ivec.gob.mx y en la página de Facebook @empresasculturalesivec, y también a seguir las redes sociales del IVEC: Facebook @InstitutoVeracruzanoDeLaCultura, Twitter @IVEC_Oficial, Youtube: IVEC oficial.

#NosVemosPronto

El IVEC recuerda natalicio del maestro Teodoro Cano (1932-2019)

Santiago Pérez Garci

Fiesta, música, canto, baile, gastronomía y religión… la memoria colectiva de las comunidades se entreteje en la expresión de ceremonias sociales, eventos que cobran arraigo en la repetición transgeneracional, pero también con la incorporación de modus culturales y elementos exógenos que han hibridado secularmente en las manifestaciones rituales que han definido, en lo público y lo privado, los vínculos sociales identitarios de nuestros pueblos originarios.

La región del Totonacapan, como en tantas de nuestra extensa geografía, ha sido un símbolo veracruzano en cuanto a la pervivencia de una herencia cultural del pasado mesoamericano, sin ser inmune a los mestizajes y sincretismos: raíces comunicantes del mundo pasado con el presente; historia y mito que se fijan en la memoria a través de imágenes y palabras hechas texto o voz; apegos sagrados a la tierra, al cielo, al agua y al viento; visiones cosmogónicas que dotan de sentido y razón originaria a un pueblo, así como el arraigo de usos y costumbres que detonan y permean las estructuras de convivencia y pertenencia comunitaria, en las que se sustentan las jerarquías y modelos de organización social, que reverberan en las expresiones estéticas, gastronómicas, festivas y lingüísticas y que se materializan en el pulso cultural y artístico contemporáneo de los pueblos totonacos. Expresiones entre las que encontramos como referente la obra del maestro papanteco Teodoro Cano.

Formado como pintor en la Academia de San Carlos, Teodoro Cano encontró en sus raíces, memorias y en la vida cotidiana de su natal Papantla, los ejes temáticos transversales para dotar de significados narrativos su producción plástica, un bagaje de tradiciones y costumbres, vuelto “mosaico de formas y colores”, que supo trasladar a muros, lienzos y facturas tridimensionales. Cano se insertó en una herencia pictórica ligada a la representación costumbrista, pero también abrevó de la tradición muralista para representar crítica y alegóricamente el tránsito histórico de Veracruz, de sus localidades y regiones, algunos marcados por el desarrollo de la industria petrolera como Poza Rica, ciudad que vio emerger su carrera como muralista en nuestro estado, precisamente con una obra alusiva a la historia del petróleo, fechada en 1953.

Su sólida formación, provista por grandes maestros de la plástica mexicana, sentaría las bases de una prolífica carrera con reconocible visibilidad en el contexto artístico veracruzano, el cual vio emerger, de la mano y guía de Teodoro Cano, formas y relieves en los muros de edificios públicos distribuidos en algunas de las ciudades más importantes de la entidad. Posiblemente fue la influencia de Diego Rivera, José Chávez Morado y otros maestros contemporáneos, la que marcaría su ruta entre las últimas generaciones del movimiento muralista mexicano del siglo pasado, a partir de su integración a los equipos de trabajo que llevaron a cabo las decoraciones de los edificios de la entonces recién fundada Ciudad Universitaria, en la capital del país.

Veracruz sería el nicho de su prolífica trayectoria artística, pero también de su carrera académica, vinculada a la Universidad Veracruzana, para la cual colaboró en la instrucción de los alumnos de los talleres de artes plásticas. Papantla fue también epicentro de su labor como promotor cultural, siempre con la convicción de preservar y difundir la riqueza cultural del Totonacapan; es también sitio donde se despliega una variedad de obras monumentales con las que Cano contribuyó al reforzamiento de la identidad estética de una cultura latente hasta nuestros días, pero depositaria de una herencia milenaria.

Es aquel museo que lleva su nombre, enclavado en el barrio “El Naranjo”, el recinto que resguarda y exhibe una singular colección que ejemplifica la dedicación profesional de un pintor a su oficio, y que muestra con orgullo las fuentes que inspiraron temas, motivos y narrativas en su obra de caballete. Lienzos donde hombres y mujeres, niñas y niños, monumentos y paisajes protagonizan aquellas remembranzas del autor cimbradas desde su infancia, imágenes recreadas a partir del tránsito cotidiano desde El Zapote hasta las plazas, barrios, ríos y riberas, rancherías y montes próximos, sin faltar la magnificencia arquitectónica de El Tajín como escenarios donde han tenido lugar la vida y labor del pueblo totonaca. El costumbrismo de Teodoro Cano guarda para sí y los suyos aquellos testimonios del vivir cotidiano, escenas festivas entre música y bailables, pero también ceremonias y escenas ligadas al universo indígena y mestizo que caracterizan a su comunidad.

Si bien es notable el apego a una tradición pictórica impulsada por la llamada Escuela Mexicana de Pintura, también lo es el riguroso estudio que procuró sobre la tradición y los géneros clásicos de su disciplina artística, manifiesto en su obra por el rigor compositivo, la modelación de formas a partir de claroscuros y grisallas, el eficaz empleo cromático y la notoria destreza en el empleo de las técnicas y materiales: retratos, naturalezas muertas y paisajes vernáculos abundan en una iconografía que lleva el sello característico del autor, expreso en un dibujo depurado y en un universo figurativo plenamente reconocible como firma indeleble de su pintura, escultura y obra mural, siendo esta última veta en la que llevó al límite los recursos constructivos y la incorporación de relieves, que guardan origen en las enseñanzas y la producción características de los maestros muralistas hacia la segunda mitad del siglo XX.

El universo iconográfico representado en la colección presente en el Museo Teodoro Cano despliega ante la contemplación lo mismo retratos que escenas costumbristas y monumentales alegorías que develan, por un lado, el devenir de una cultura, sus mitos, leyendas, tradiciones, obras, costumbres y labores, así como la vena festiva y ritual que recorre la historia y vida cotidiana del pueblo del Totonacapan; por otro, los símbolos de una identidad local plenamente reconocibles en el mapa de la multiculturalidad mexicana: la ceremonial fiesta de Ninin o el Día de Todos Santos, pletórica por sus distintivos y luminosos altares y arcos donde se disponen flores, plantas y frutos propios de la región, así como los platillos, velas y demás elementos rendidos para recibir la visita de los difuntos y recordar su paso por la vida; o las posadas y fiestas navideñas, que reúnen cada mes de diciembre la participación de los barrios papantecos y en las que los infantes cobran protagonismo durante la procesión, portando en sus manos el “nacimiento”. No podía faltar en la escena navideña la tradicional y veracruzana “Rama”, que se eleva plenamente decorada con globos o esferas, mientras resuenan las notas del son, los versos y coros bajo la luz de las velas y coloridos faroles. Ineludibles son los monumentos prehispánicos del Tajín o las representaciones de danzantes y voladores, que perpetúan el imaginario anticipado en las crónicas y apuntes de los artistas viajeros y que han devenido símbolos de esta cultura indígena. Basta abundar en aquella representación ritual dedicada a Chichiní, Señor Sol, en la que la música del carrizo y las percusiones acompañan el descendimiento circular de los voladores, en una ceremonia ligada a la cosmogonía y fertilidad.

Pasado y presente de un pueblo se recrean en complejas estructuras narrativas, provistas de múltiples microescenas que se disponen en su colorida obra “Costumbres totonacas”, o bien en las imágenes nocturnas de un velorio o una boda tradicional totonaca, y que obligan al espectador a no perder detalle en los múltiples acontecimientos que toman parte en las congregaciones: la interacción de los personajes, perros famélicos pero que participan activamente en los eventos sociales, gestos y actitudes que corresponden a las circunstancias, parejas que intercambian miradas no exentas de coquetería, vestimentas facturadas en popelina, artícela, percal o algodón, sombreros de paja, pañuelos, fulares y pañoletas, remates con motivos florales, así como enaguas, delantales, camisas y blusas, característicos todos en la indumentaria tradicional; niñas y niños que bailan, se elevan entre las ramas de los árboles o que juegan al ras del suelo. La música y el baile son motivos comunes en varias obras de Cano, y que indican el fuerte arraigo de aquellas expresiones artísticas en la vida cotidiana del pueblo totonaco; no faltan tampoco las provisiones de tortillas, cazuelas y bebidas, así como los frutos tropicales y la emblemática flor de la vainilla, símbolo de la producción agrícola de la región.

No dejan de advertirse en la obra de Cano ciertas estrategias, metáforas, temáticas, narrativas y composiciones característicos del imaginario de la “escuela mexicana de pintura”: emblemas femeninos que evocan simbólicamente la maternidad o representan la herencia y patrimonio de una cultura ancestral; labores de hombres y mujeres, indumentaria autóctona, prácticas curativas, fiestas ceremoniales, mitos y leyendas que son herencia de un pasado cargado de esplendores, formas que en su rigurosa lectura de izquierda a derecha, derivan en el tiempo hacia el presente, donde cobran protagonismo la convivencia pública, el trabajo cotidiano, los rituales religiosos y sociales marcados por el baile y la música. Se advierten también referencias a su admirado Diego Rivera y demás colegas muralistas con la representación de ciertos elementos iconográficos, como son las manos generadoras y dadoras de vida: palmas abiertas que disponen el maíz como fruto esencial de la tierra, elemento fundacional y sustento primordial, y que se tratan de una identidad asociada a significaciones esotéricas que podemos encontrar en distintas obras monumentales ejecutadas por los grandes maestros del muralismo.

Teodoro Cano legó a Veracruz y su natal Papantla una prolífica carrera y una vasta producción que son pilares indiscutibles en la tradición plástica veracruzana contemporánea y orgullo de su ciudad natal. Una producción que trae a la vista de las nuevas generaciones la pertenencia y arraigo de un pueblo a su cultura milenaria. El Gobierno del Estado de Veracruz, a través del Instituto Veracruzano de la Cultura y el Museo Teodoro Cano, recuerda al hombre generoso y al artista en la conmemoración de su natalicio, al tiempo que celebran la vida y obra de uno de los creadores más queridos entre la familia veracruzana.

El IVEC recuerda natalicio del maestro Teodoro Cano (1932-2019)

Katlen (saludo)

Hoy nos convoca el ineludible recuerdo de Don Teodoro Cano. Nos convoca la ciudad imprescindible del artista totonaca, papanteco y universal, cuya obra escultórica y pintura mural forman parte del paisaje de toda la región del Totocacapan y enaltecen este patrimonio, que es un tesoro vivo.

Cito las palabras del Maestro Cano cuando se refiere al argumento de su obra:

    El pintor, tal como me lo enseñaron mis maestros Rivera, Siqueiros y Orozco, no debe ser ajeno a los problemas sociales, estamos presentes en esos problemas y debemos ayudar con nuestras herramientas, que son los pinceles. Yo soy un pintor muralista, me nutrí en la escuela de la pintura mexicana contemporánea que me enseñaron mis grandes maestros.

Como veracruzana que soy, he recorrido desde niña el Totonacapan, siguiendo algunas raíces de mi familia. Siempre me ha sorprendido la riqueza del paisaje, el verdor exuberante de la región y su comunión con la obra que sembró Don Teodoro.

Tuve la oportunidad de conocer al maestro en el año 2009, con motivo de una gran exposición retrospectiva que se presentó en la Pinacoteca Diego Rivera. Aquella muestra integró su obra de caballete en gran formato, fotografías de su obra escultórica monumental y mural en relieve. La exposición resultó una fiesta con danzantes, guaguas, bocoles y toritos, escuchando los acordes de Nimbe. Para la ocasión, el artista estrenó una pieza en ferrocemento de un guagua con penacho, que ahora se encuentra en el Jardín de las Esculturas de Xalapa.

A partir de entonces compartimos más que el trabajo. Agradezco la hospitalidad y el cariño de su familia, de sus hijos y de su esposa, Doña Yolanda Asaaleih de Cano, a quienes expreso mi afecto. Por encima de su talento y de sus virtudes, era un hombre de bien, un hombre generoso, con una sonrisa que expresaba más que sus palabras.

En vida realizamos aquella exposición, a través de la cual rendimos homenaje a su obra. En vida, él dirigió el proyecto del museo que hoy lleva su nombre. En vida, le expresamos nuestra admiración y respeto.

Nos entristece su ausencia. Sólo hace falta dirigir nuestra mirada hacia Papantla y la región para saber, con certeza, que él no se ha ido. Que a través de su obra ha trascendido y se quedará para siempre entre nosotros.

Es labor del Instituto Veracruzano de la Cultura difundir el legado del maestro Teodoro Cano. El museo fue diseñado por su hijo, el Arquitecto Miguel Cano y se inauguró en 2007, con la finalidad de abrir un espacio para la cultura en la ciudad de Papantla.

Hoy resguarda una colección de pintura de caballete que la famila Cano Assaleih ha concedido en comodato al IVEC para el disfrutre de los visitantes. Les invitamos a conocer este espacio, que mantiene viva la cultura totonaca que inspiró a nuestro insigne artista.

El maestro Teodoro Cano emprendió su viaje, como volador en la cumbre. Nos deja su espíritu generoso, su amplia sonrisa y su legado artístico que perdura y trasciende. Vamos a celebrar su vida y su obra.

[…] Maestro Teodoro Cano, 

en todas las latitudes

manifestó sus virtudes

artísticamente humano.

Aunque trascendió a otro plano

queda su obra gigantesca,

porque mientras permanezca

con el valor de su gente,

como pintura reciente

tendrán su memoria fresca.

                                                Mauro Domínguez                                                                                                                                              Décima al Maestro Teodoro Cano García (fragmento)

Pashkat katsini (muchas gracias).

Silvia Alejandre Prado